jueves, 11 de junio de 2009

Sobre Juan José Campanella

Campanella, de vuelta al barrio
Autor: Cynthia Sabat
Publicada en 2002

Tras uno de sus frecuentes viajes a Estados Unidos, el director de “El hijo de la novia”, Juan José Campanella, regresó a la Argentina para trabajar en el guión de su próxima película, “Luna de Avellaneda”. MCI conversó con él de sus fracasos, los prejuicios que tuvo que enfrentar, el Oscar que no fue, y la situación política. Campanella asegura que ama su país pero que le cuesta defenderlo, que cierta crítica no le perdona el éxito de taquilla y que hoy en la Argentina decir “la política no me interesa” es un suicidio. Y sueña con volver a Hollywood por la revancha.

Es uno de los hombres más exitosos del cine argentino, pero no se embriaga así nomás con los licores del éxito. Sigue tomando café en los bares viejos de Parque Lezama, y sigue eligiendo el encanto de las pequeñas historias. Figuran en su filmografía con varios fracasos de crítica y de público, que no lo amedrentaron. No todas fueron rosas en la carrera de Juan José Campanella.

MCI: El público argentino pudo conocerte a partir de “El mismo amor, la misma lluvia”, pero hiciste una carrera en el cine, el teatro y la tv que aquí es casi desconocida.
JJC: Después de filmar una especie de policial satírico y absurdo a la manera de “¿Dónde está el piloto?” que se llamó “Victoria 392” (1982), protagonizado por Eduardo Blanco, incursioné en el teatro. Junto a Fernando Castets, a quien conocí estudiando cine, escribimos un éxito y un fracaso teatral: “Off Corrientes” –que fue un boom en el underground- y “Como en las películas”, que no anduvo bien. En 1983 me fui a estudiar cine a la New York University, trabajé como compaginador y filmé “El contorsionista”, un corto que me abrió las puertas para que una productora me encargara la dirección de “The boy who cried bitch” (“El niño que gritó puta”, 1991). Era una película muy oscura, muy dura, que nunca se estrenó en Argentina, y que fue un fracaso comercial en todo el mundo menos en España, donde se convirtió en una película de culto. Imaginate, estuvo tres años en cartel.

Gracias a su eficaz tratamiento de temas comprometidos, y a su talento en la dirección de actores, Campanella fue contratado por la cadena HBO para dirigir varios capítulos de una serie de especiales llamada “Life Stories”, por el que ganó dos premios Emmy. Las puertas de Hollywood ya estaban abiertas para que Campanella trabajara bajo el ala de un estudio. En 1996 escribió y dirigió “Love walked in” (“Ni el tiro del final”, 1998), basada en la novela del argentino José Pablo Feinmann. El film de bajo presupuesto no tuvo las mejores críticas.

JJC: Yo defiendo a “Ni el tiro del final”, es una película que me gusta pero a la que no le fue bien. Tuve la oportunidad de trabajar con Terence Stamp y Aitana Sánchez Guijón, cuyo papel iba a interpretar Madonna. El papel era el de una cantante, y yo tenía el mismo representante de Madonna, así que se le ocurrió la idea de llamarla. El guión le había encantado, tuvimos una reunión pero después la producción de “Evita”, que comenzaba a rodarse en pocos meses, no le permitió hacerla. Fue mejor, porque por lo menos ahora puedo defender la película, si lo hubiera hecho Madonna no sé si la podría defender. La verdad es que no es buena actriz. La experiencia de filmar “Ni el tiro del final” fue fabulosa, pero la de trabajar con Columbia fue horrible: el estudio cortó la película como quiso, por eso no es la película que yo quería hacer. Hoy no tengo ninguna fantasía con Hollywood. Fue tan horrible la experiencia que me tomé un descanso y me vine a la Argentina. Un día me junté con Fernando y Eduardo, y esa noche nació la idea de lo que sería “El mismo amor, la misma lluvia”.

“El mismo amor, la misma lluvia”

JJC:El mismo amor, la misma lluvia” (1999) fue una película independiente. El único productor argentino que quería hacerla fue Jorge Estrada Mora. El proyecto cayó un montón de veces durante dos años. Comenzamos a filmarla y me cambió la vida, porque de pronto me sentí en casa, era lo que yo quería hacer y aquí encontré mi voz. Pero al momento del estreno no anduvo como pensábamos. Después de la primera semana fue más gente a verla, el “boca a boca” nos ayudó, pero el sistema en Argentina es muy cruel: se estrenó un jueves, y el lunes se decidió que nos bajaban de la mitad de los cines, y del lunes al jueves anduvo mejor que del estreno al primer domingo. Al final la película llegó a hacer cerca de 200.000 espectadores.

MCI: Hay muchas películas argentinas que no tienen un apoyo publicitario fuerte, y dependen del “boca a boca” para poder subsistir en los cines, pero no las dejan.
JJC:
Es el arma que esas películas tienen para defenderse. Por ejemplo hoy vi “Historias Mínimas”, que es la mejor película argentina, y ya la pasan en pocos cines y en pocas salas. Es una película buenísima, la gocé como loco. La gente salía chocha del cine. El INCAA tendría que hacer algo, tendría que apoyarla.

MCI: ¿Qué pasó con aquella reglamentación que aseguraba la continuidad en las salas con un mínimo de espectadores?
JJC: Eso era lo que se denominaba la “media”, pero ahora no funciona. Si hay posibilidades de estrenar otra película a la que le vaya mejor, no hay nada que hacer. A nosotros nos pasó con “El mismo amor...”: justo se estrenó “Sexto Sentido” y nos borró de los cines. Con “El hijo de la novia” tuvimos suerte porque Spielberg filmó un fracaso ese año, fue “Inteligencia Artificial”.

MCI: El mercado es muy cruel, porque por un lado se le dan facilidades a los directores para que hagan su opera prima, para que después la película no dure más que un par de días en las salas.
JJC:
Sí, con la frustración y el dolor que eso implica para el que la hizo, te lo digo por experiencia propia, te puede anular para toda la vida. Hay que apoyar más a las películas en el momento de la exhibición y la distribución. Con tener el Tita Merello no alcanza, porque tiene la imagen de ser un cine “de lástima”, y es bastante deprimente ir a ver películas ahí. El INCAA debería limitar sus créditos y subsidios a las opera prima, para poner todo el apoyo en el lanzamiento y distribución de las películas.

MCI: Más allá de estos problemas, ¿qué pensás del momento por el que pasa el cine argentino?
JJC: El cine argentino está pasando por un boom absoluto. Por un lado los técnicos argentinos están trabajando mucho en publicidad para el exterior porque lo favorece el cambio. Pero por otro la cantidad de películas que están a punto de filmarse es enorme, y esto es más difícil de explicar. Nosotros suspendimos justamente la producción de la nueva película porque tenemos mucha gente del equipo que trabaja con Lucrecia Martel, y ella empieza a filmar en marzo. Creo que tiene que ver con que el cine argentino está vendiendo y hay mucha gente interesada en coproducir, en invertir y hacer negocios. Las películas argentinas se estrenan en el exterior y tienen buena respuesta de público. La razón es que el cine argentino está encontrando un mercado en el mundo. Hasta abril o mayo, por ejemplo, no hay luces para alquilar. Van a filmar Pablo Trapero, Eduardo Mignogna, Lucrecia Marcel y Luis Puenzo.

MCI: ¿Se puede asegurar entonces que filmar hoy en la Argentina es más fácil?
JJC: Sí, yo creo que sí, pero quiero aclararte algo. Muchos van a decir “Campanella la tiene más fácil porque trabaja con Pol-Ka”. Yo hice cine independiente toda mi vida, salvo en “El hijo de la novia” para la que conté con cierta estructura armada. Las demás se hicieron por ganas, pensando que iban a dar pérdidas. En los últimos cinco años hacer una opera prima en Argentina fue mucho más fácil que hacerla en Estados Unidos, y además hubo muchas más opera prima interesantes acá que allá. Los estudiantes de cine que quieren hacer su película tienen los premios a Opera Prima que da el Instituto, los de largometraje para televisión, y buenas posibilidades de coproducción. La cantidad de operas primas que se hacen te diría que es casi exagerada para el mercado que hay en Argentina, porque cuando llega el momento del estreno vienen los problemas de la exhibición y la distribución.

MCI: ¿Cuál de estos factores es más importante a la hora de llevar un proyecto adelante: una buena idea, un productor poderoso, un buen guión o una trayectoria como director?
JJC: Yo creo que habría que hablar de los factores necesarios para que una película se haga, sea buena y además tenga futuro, porque si ahora junto a Francella y Darín en una película que dirijo, quinientas lucas las consigo en cualquier lado, pero la película puede ser una reverenda cagada y la gente puede salir espantada del cine. Para mí un buen guión es fundamental, y la importancia de una buena idea es relativa: “El hijo de la novia” es una película con una idea, y “El mismo amor...” es una película de tratamiento puro. Si entendemos la idea como la premisa, creo que hay muchos casos de buenas películas, con buenos guiones que no se basan en una idea brillante: es lo mismo que vimos muchas veces pero tratado de una manera distinta. Es el caso de “8 ½” de Fellini y todos sus refritos: la película sobre el director de cine con sus dramas internos la hicieron casi todos los grandes directores, y a veces funcionó y a veces no. Lo que sí puedo afirmar es que un buen guión es más importante que una buena idea. La trayectoria como director te abre puertas pero no te da la plata. Todo el mundo quiere leer ese guión; cuando no tenés el respaldo de una trayectoria se hace más difícil. A mí me costó mucho que leyeran el guión de “El mismo amor...”. Si uno tiene la trayectoria para abrir puertas y encima un buen guión, eso es muy bueno. Con ciertos productores pesan mucho los actores que uno tenga en su proyecto.

“El hijo de la novia"

MCI: ¿“El hijo de la novia” fue un proyecto que prendió enseguida?
JJC: Cuando empezamos con el proyecto ningún productor quería involucrarse, porque decían que el tema era deprimente, que era un bajón. O decían “¿quién quiere ver una historia de dos viejos?”. En ese momento no contábamos ni con Norma Aleandro ni con Héctor Alterio, ellos se unieron al proyecto mucho más adelante. Me acuerdo cuando fuimos por primera vez con el guión a ver a unos productores que nos dijeron “Tenemos dudas sobre Darín: “El mismo amor...” no anduvo bien, vamos a ver cómo anda “Nueve Reinas”. Pero yo nunca pude pensar la película sin Darín. Todos decían “es buen actor, pero en cine no funciona”. La mayoría de los productores no se guían ni por su instinto ni sus conocimientos, sino por los datos del pasado, y en eso hay que reconocer el mérito de Adrián Suar. El me dijo “esta historia me calienta, quiero hacerla. Si la manejamos bien, podemos salir hechos”. Creían que iban a hacer el gran fracaso de Pol-ka.

MCI: Las críticas apuntaron a que la película era un producto comercial. A algunos críticos no les gustó que la gente fuera a verla masivamente.
JJC:
Nosotros pensamos la película desde el punto de vista de un tipo de 40 años, y resultó que toda la familia fue a verla y le gustó a gente de todas las edades, fue una sorpresa. Tengo problemas especialmente con los críticos de El Amante, quienes el lunes posterior al estreno de “El mismo amor...” me llamaron para preguntarme a qué adjudicaba el fracaso de mi película. Es una cuestión que viene desde hace tiempo, ellos me tienen bronca porque yo no los respeto. Ellos se dedicaron a criticar cosas que no existían, como los chivos de la película.

MCI: ¿Existe una resistencia de los críticos por encontrar valores en las películas que gustan a la mayoría del público?
JJC: Hay críticos a los que les interesan las distintas vertientes del cine, ven cine más popular y cine que le gusta a una minoría, y lo critican respetando su estilo; pero hay un grupo de críticos representado por la revista El Amante pero no limitado a ella, que gozan de decir “yo veo cosas en las películas que los demás no ven”. Hay críticos que quieren ser parte del éxito o el fracaso de una película. Y hay un sector del cine argentino que hace un gran esfuerzo por hacer cine que no sea popular. Trata de evitar todo lo que pueda gustarle a la gente y lo toma como bandera. Está mal hacer películas para el público, pero es mucho peor hacer películas para los críticos.

El Oscar y después

MCI: ¿Qué experiencia te dejó haber estado a un paso del Oscar?
JJC: Fue una experiencia bárbara, ojalá tuviera la revancha. Creo que fue una votación muy justa, y sé que “El hijo de la novia” peleó cabeza a cabeza con la ganadora del rubro, “No man´s land”. Lo mejor son los tres días anteriores a la ceremonia: hay simposios y actividades donde uno conoce a directores de otros países. Y el Comité de Cine Extranjero es el más serio a la hora de la elección, no hay posibilidades de que las grandes distribuidoras influyan en los premios. Por eso para mí el Oscar en la categoría Mejor Película Extranjera es el premio más justo de la tierra. A mí me encantaría volver.

MCI: En un reportaje dijiste que la película con la que tuviste menos pretensiones fue la más exitosa.
JJC: Claro, porque “El niño que gritó puta” tiene una dimensión trágica importante; en “Ni el tiro del final” quise renovar el cine negro; en “El mismo amor...” quise contar la historia argentina a través de los personajes de una forma satírica. Pero en “El hijo de la novia” quise simplemente hacer una comedia, contar una historia chiquita, no tenía grandes intenciones, y con ella me fue mejor.

Para su nuevo proyecto “Luna de Avellaneda”, Campanella volvió a lo que mejor sabe hacer: una historia de barrio, que gira en torno a un club y la lucha de quienes lo componen por la supervivencia, del club y de ellos mismos. El tema está íntimamente unido a la realidad.

MCI: ¿Cuál es el papel de los directores en una situación crítica como la que vive el país? ¿Cuál es el rol de quien tiene una cámara para contar una historia en este contexto?
JJC:
Esta situación demanda de todos nosotros algo extra: ya no alcanza con ser honesto, hay que ser honesto y caritativo. Ya no alcanza con hacer las cosas bien, hay que hacer cosas excelentes. Normalmente te diría que quien cuenta una historia responde a una necesidad íntima de hacerlo, pero en este momento las cosas son distintas. La función que tiene el arte, no solamente el cine, es la de ser un espejo de lo que pasa, pero también ser un ordenador de la realidad. No creo que el cine pueda cambiar las cosas, creo que para eso hay que involucrarse en política. Pero el cine puede iluminar un poco, o separar la paja del trigo a nivel individual. Por lo menos yo en mi próxima historia quiero hablar de la gente de la que no hablan en general los noticieros: la gente común de clase media, con deseos comunes, que no tienen el dramatismo suficiente para una película, que vive miserias y triunfos muy chiquitos. Cuando pensé en “Luna de Avellaneda” me preocupó el tema de nuestra función en la comunidad. Creo que hay ganas de participar, de hacer cosas, y los personajes están desorientados pero saben que algo tienen que hacer. Creo que hoy en día uno no puede decir “la política no me interesa”, uno no puede permitírselo, sería un suicidio. Si lo decimos, nos pasan por encima. Creo que el primer paso es empezar por tu lugar, averiguar dónde y cómo funciona la asamblea de tu barrio y empezar a ir. Yo estoy empezando a ir a la asamblea de San Telmo, y está muy activa. A pesar de todo me encanta mi país, y ahora creo que no podría vivir en otro lado, porque soy de acá. Yo estoy enamorado de Argentina, aunque intelectualmente no la puedo defender tanto. MCI

Publicado originalmente en Megasitio de Cine Independiente (www.cineindependiente.com.ar)

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